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La bruja de Salem

I'm in love

La quiero tanto... y ella ni siquiera lo sabe. Ahora que lo hemos arreglado todo y volvemos a ser amigas me he dado cuenta de que no quiero volver a sentir que la he perdido para siempre. Pero es que es demasiado difícil ocultar todo esto... no puedo evitar mirarla de esa forma, o reírme como una estúpida de todas las chorradas que dice, o lanzarle indirectas cada dos por tres (que conste que lo hago sin querer, y que soy demasiado perspicaz para que las pille todas), y lo peor es cuando me toca el pelo. ¡Dios, que ya sé que mi pelo es precioso, pero si encima estás acariciándolo constantemente no te extrañe que sea así, que una no es de piedra!

Además, hoy ha surgido una típica escena romántica de esas de amor bajo el cielo nocturno de Madrid: las dos mirando las estrellas con la misma cara que pondrían dos niñas pequeñas, y yo diciendo (por decir algo) que había una estrella que se estaba moviendo, total que ella no la veía y se ha tumbado practicamente sobre mí para que pudiera señalarla y supiera cuál era. Vamos, lo de escena romántica lo digo por mí, porque ella seguro que no estaba pensando (ni mucho menos) lo mismo que mi cabecita loca... ¿o sí? Es que ya no sé ni qué pensar, me estoy volviendo esquizofrénica con tanta movida por día: porque vale, salimos por ahí, entre otras personas el amigo que le gusta a Ella, Ella y yo. Y al principio a mí casi me da un patatús de los celos que tenía, pero luego cuando nos hemos sentado en el banco de Plaza de España a mirar las estrellas y me he tenido agarrada de la mano durante unos minutos, en los que me ha parecido que el tiempo se paraba, y todo me daba igual, todo excepto ella y no soltarme nunca de su mano... El caso es que tengo un grave problema, un dilema de esos que no te dejan dormir: ¿qué hago? No puedo dejarlo pasar y esperar a que el tiempo me ayude a olvidar, porque no puedo, porque me importa demasiado, y sí, me quedan esperanzas. Pero, ¿la beso? ¿Le digo lo que siento? ¿Me pegará? ¿O se reirá de mí? ¿O...? ¿Una carta? ¿Un mail? (Lo del mail ya lo hice una vez, le dije que la quería mucho, pero se lo debió tomar a coña y no le dio mayor importancia. O a lo mejor es que le importa tres pepinos lo que sienta...). No sé qué haré, pero algo seguro. No me voy a quedar de brazos cruzados esperando a que cualquiera se la lleve y yo me quede aquí, con un palmo de narices. No.

Dreaming

Podría ser que todo fuera un mal sueño. Que mañana al despertar sintiera que todavía hay muchas cosas por las que luchar. Que no está todo perdido, que no tengo ganas de llorar, que no me hundo en mi frío colchón mientras miro al techo con la mirada perdida y las lágrimas resbalando por mis mejillas hasta llegar a la almohada. Me gustaría levantarme de la cama, respirar muy hondo y poder decir: hoy va a ser un gran día, y salir a la calle dando saltos (pero no por culpa de haberme abrochado mal los cordones, sino de la felicidad, joe). Y no sentir un nudo en la garganta cuando escucho Lithium o Falling o My inmortal o... Es imposible, como también es imposible que un día me salgan alas y pueda salir volando a un lugar desconocido donde siempre sea de noche y esta pobre y decadente bruja tenga poderes de verdad.

Carta para Ella

Hola.

Ha llegado la hora de decirte todo lo que siento, todo lo que me molesta, y lo que me duele.

Creo que te quiero. Digo "creo" porque nunca estoy segura de nada. Digo "quiero" porque las tres cuartas partes del día estoy pensando en tí. Y la otra parte es de noche y estoy durmiendo, aunque también hay noches en las que sueño contigo, y es cuando despierto y me doy un golpe con la realidad cuando me doy cuenta de que todo esto es una mierda. Porque yo estoy muriéndome como una estúpida por tí y tú me ignoras.

Me ignoras porque en tu maravilloso mundo sólo existe él, él y sólo él, y siempre irás a donde vaya él. Pero permíteme que te diga que él te utiliza, y juega contigo, y yo ya estoy cansada de ver cómo, poco a poco, ese chico taaan estupendo te destroza el corazón. Y también estoy cansada de verte hecha trozos, y de llorar por tus lágrimas, y de dar la cara por ti ante él (porque sí, la gente puede ser muy falsa si se lo propone), y de abrirte los ojos. No lo voy a hacer más, porque ya eres mayorcita para saber lo que te conviene.

También me molesta (y mucho) que ahora te las des de super-hetero, con esos comentarios estúpidamente bruscos y salidos de tono, cuando tú mejor que nadie sabes que nuestro grado de tonteo llegó a límites insospechados. Más bien reconoce de una vez que no sabes lo que quieres, y deja de hacerte la dura conmigo como si no hubiera pasado nada, porque sí ha pasado.

En el fondo sé que la culpa de todo la tengo yo, por ser tan idiota, por creer que eras diferente, especial. No te diferencias en nada del resto de gente que se dedica a hacer daño, y hasta puede que ahora te merezcas todo lo que te está pasando. Aunque me duela más que a ti que te traten como un trapo viejo.

Porque toda esta pelea que estamos teniendo últimamente él y yo es, sin duda, por ti. Porque no me resigno a que las cosas acaben así, no quiero perderte, y no quiero que él vuelva a pisotearte y tú vuelvas otra vez detrás de él, te está haciendo daño y lo sabes...

Y si quieres que me olvide de ti para siempre no hace falta que me trates como acostumbran a tratarte a ti; con un simple no quiero verte más me bastará. Pasaré un tiempo llorando desconsoladamente, pero luego podré superarlo. Prefiero pasarlo fatal durante un tiempo, a vivir en esta incertidumbre que me tortura toda la vida.

Ante todo, que sepas que me dolería muchísimo perderte, pero no quiero que me arrastres contigo; no lo merezco.

Adiós...

Querer es poder

Me siento bien. Puede que sea el alivio de dejar atrás las navidades, o que al final haya sido capaz de decirle a alguien que soy lesbiana y saber que puedo confíar de nuevo en la gente. El caso es que soy una persona nueva. Y todos estos nuevos sentimientos han hecho que aflorara en mí otro sentimiento, mucho más extraño, y que no sentía hacía bastante tiempo: he recuperado las ganas de sacar mi vida adelante, de estudiar, para poder ir a la Universidad (y bueno, también las consecuencias que este hecho produce, véase conocer gente- ejem, ejem, chicas- y sentirme un poco más parte de la sociedad), trabajar en algún sitio donde pueda sentir que he llegado a ser una gran loquesea, y tener algo de tiempo libre para poder hacer lo que verdaderamente quiero hacer con mi vida: escribir. Y poder ganarme la vida con ello. Claro que para poder hacer eso no voy a dejar que mis padres me mantengan mientras yo escribo mi best-seller mundial, más que nada porque me pegaría un tiro antes que tener que estar aguantando a mi familia eternamente...

Bueno, el caso es que mi sueño de convertirme en una escritora bohemia con un ligero acento francés, a la cual mordería una bella vampiresa a la edad de veinte años, y alcanzar la inmortalidad, no es del todo realista. Así que me va a tocar currármelo. Y mucho. Pero estoy dispuesta. Porque puedo hacerlo, tengo capacidad para ello. Y porque no moriré sin cumplir mi sueño (llegado el caso, pienso ser un espíritu maligno con un montón de asuntos pendientes y mucha mala leche).

¡Loca!

Sí, antes de que den las doce de la noche (que por cierto, para todo aquel que no lo sepa es la Hora de las Brujas) me habré vuelto completamente loca. ¿Que por qué? Porque yo, como soy la persona más despitada de este mundo, me he olvidado por completo del día en el que vivo (y más aún en estas fechas tan odiadas) y ayer me acordé, a las tantas de la noche, que mañana es el día en el que la falsedad de la Navidad alcanza su máximo esplendor y toda la gente se regala cosas compulsivamente. La verdad es que si nadie me fuera a regalar nada me ahorraría el mal trago de tener que pasarme tooodo el día de hoy comprando sin parar, gastando y, lo que es peor, de tiendas. Pero como el espíritu de la Navidad les da tan fuerte cada año, no me queda más remedio que soportar esta tortura.

Cuando estoy en casa y me digo tengo que comprar los regalos, el asunto no parece tan peligroso para mi salud mental. Pero luego salgo a la calle, con el dinerito latente en el bolsillo, y siento que estoy más perdida que una monja en un local de streaptease. Al final, me decido y entro al Zara, aver si veo algo mono, pero una manada de mujeres enloquecidas y con varios críos irrumpe en mi camino, y, cuando ya se han alejado, mi desorientación es tan grande que salgo despavorida de la tienda.

Con las colonias me pasa algo más agradable: me embobo oliéndolas todas como si fuera un perro sabueso, y cuando me quiero dar cuenta he encontrado una que me encanta, pero para mí, y sólo me llega para comprar una (lo cual es bastante jodido si resulta que es el último día para comprar los regalos y encima están a punto de cerrar). Total, que al final cojo la primera que pillo, voy corriendo a la caja, y entonces veo que la señora que va detrás de mí se lleva la colonia que a mí me gustaba, ¡y sólo quedaba esa!

Como las tiendas de ropa me dan alergia y las colonias me teletransportan a los mundos de Yupi, decido que lo mejor es regalar un libro. ¡Oh, qué gran maravilla que al abrir el paquete resulte que hay un reluciente ejemplar, toda una historia por descubrir, emociones guardadas entre las pastas de cartón...! O al menos es lo que me pasa cada vez que tengo un libro nuevo entre las manos, porque luego, cuando ya me he recorrido la librería entera, volviendo loca a la dependienta y poniéndolo todo patas arriba, y cuando tengo sobre el mostador quince libros, vuelvo al mundo real y caigo en la cuenta de que los he elegido mirando mis intereses, y no los de las personas a las que se los voy a regalar... (aquí viene cuando dejo ese libro que llevaba buscando tanto tiempo, ese en que salían dragones y los personajes luchaban con espadas, y le doy una patada enorme a mi criterio comprando una ¿novela? que narra las extraordinarias aventuras de una de las animadoras del equipo de fútbol del instituto High Jitugüin, en Masachusetts).

Y bueno, si después de haberme recorrido todas las tiendas habidas y por haber, después de haber forcejeado con una ancianita porque ella ha visto ese jersey antes que yo, incluso si después de haberme arrancado los pelos de la desesperación que me produce ir de compras no me he vuelto completamente tarumba, creo que lo mínimo que me merezco es que mañana yo también tenga mis regalos. Y poder sentir la satisfacción que produce ver cómo los demás también las han pasado canutas a la hora de elegir el dichoso regalo. Y ver cómo de su cabeza han desaparecido unos cuantos pelos. Jijiji...

Muerte. Filosofeando a mi manera: divagaciones

Hoy me voy a poner filosófica y voy a hablar de la muerte. O mejor, de lo que hay después de la muerte. Porque vamos a ver: no puede ser todo tan fácil, no puede ser me muero y ya está, tiene que haber algo más, sería todo demasiado sencillo, y no puedo aceptar que después de una vida entera de complicaciones de todo tipo me venga una tía con una guadaña y me diga que todo ha terminado.

Además, ¿qué pasa con los espíritus, los fantasmas, las apariciones? No pueden ser todas una invención de esos extraños personajillos llamados parapsicólogos, tiene que haber algo real detrás de todo esto, algo siniestro...

Igual que la reencarnación. Esas ocasiones en las que vas a un sitio por primera vez y sientes que ya has estado allí, o esas situaciones en las que dices esto ya lo he vivido (situación que se representa muy bien con una palabra francesa que ignoraré por problemas personales con esta lengua del infierno). ¿Cómo es posible que pase algo así? Quiero decir, es técnicamente imposible que recuerdes algo que nunca ha pasado, a no ser que sí lo hayas vivido en una vida anterior (también puede que lo hayas visto en la tele, que la tele influye mucho).

Aunque lo del cielo no me lo creo tanto. A mí toda esa historia de un tío que dijo que nos quisiéramos los unos a los otros pero que nunca hizo el amor no me convence demasiado. Y mucho menos todo el cuento llamado Biblia, que sí, que vale que en su época fuera todo un best-seller, pero que ahora eso de censurar determinadas cosas ya no vende, y mucho menos el paraíso. ¿Quién quiere vivir en el reino de los moñas, con Flanders como presidente? Porque ahí todos se tratan muy bien, y son muy respetuosos con sus semejantes, pero no disfrutan de la vida eterna, siempre haciendo el bien, sin pecar... Bueno, que me desvío del tema. Que lo que quiero decir es que eso de que todos cuando morimos vamos al cielo (o al infierno, pero a ese no le pongo tantas trabas, jeje), no me parece muy acertado, porque llegará un momento en el que ya no quepa más gente en el cielo, y entonces tengan que hacer obras, y pasar una derrama, y... esas cosas no se hacen en el cielo.

Bueno, el caso es que me trago más lo de la vida reciclable (vamos, la reencarnación) que lo del cielo.

¿Y los fantasmas? EXISTEN (rotundamente), igual que los elfos, los vampiros, los extraterrestres, los faunos, los orcos y los dragones. Todos existen. Y yo la primera.

Fases

Es curioso ver cómo en unos meses he podido cambiar tanto.

Un día me levanté, desayuné, me vestí, me senté en mi mesa a las ocho y media de la mañana, como cualquier otro día, y me dije de pronto: no puede ser, me gustan las tías.

Conforme pasaban los días mi confusión aumentaba. No podía creerlo; ¡cómo es posible si he estado enamorada de un chico...!, así que saqué la conclusión más práctica: soy bisexual.

Pero el tiempo seguía pasando (la verdad, no mucho tiempo, ha sido todo de golpe), y un buen día me desperté de nuevo y un rayo de lucidez me golpeó: nunca he estado enamorada, porque no me gustan los tíos, porque soy... lesbiana!!!! (a continuación creo que vinieron unos cuantos gritos y unos días de recogimiento en casa atando cabos y "verificando datos", y, sobre todo, temiéndome lo peor. Porque sí, creo que en el fondo me gusta darle mil vueltas a las cosas y llorar y sentirme la persona más desgraciada de este planeta y hasta del Universo entero. Aunque no lo reconozca.

Y bueno, ahora que (casi) todo ha pasado me siento (más o menos) bien. Si no fuera por esa guarra que me está jodiendo la vida!!! (¿ves?).

En fin, creo que decírselo a alguien era lo mejor que podía hacer, además, he aliviado parte de la presión...

Vacía

No sé qué me pasa. Otra vez estoy igual, pero ahora peor. Camino por la calle, me quedo embobada mirando la luna mientras saco las llaves del bolsillo, y entonces me paro. Tal vez haya seguido andando, no lo sé. Un auricular en la oreja y un nudo en la garganta. Y todo el firmamento sobre mí, aplastándome, recordándome día tras día y noche tras noche el sinsentido de mi vida. Podré desear, querer y amar lo que quiera, y a quien quiera, pero no soy yo la que maneja los hilos de toda esta mierda que se hace llamar vida. Cada día tengo menos consciencia de lo que hago, cada día me siento un poquito menos libre, cada día, cada día... Pero los días se van y yo me quedo aquí, luchando incansablemente por sonreír, aunque lo que más desee sea gritar, dejar de fingir, dejar de hundirme en la miseria de mis días insulsos que poco a poco me corroe el alma y me lleva a la muerte...

Me siento como Amy Lee en el clip de Everybody's fool, cuando se mira al espejo e intenta sonreír...

Érase una vez...

Érase una vez...

... un angelito. Vivía en el cielo junto a otros hermanitos. Corría y saltaba sobre las nubes, y por las noches iba volando hasta la Luna, que apagaba todos sus temores infantiles. Un día se dio cuenta de que allí arriba, en el cielo, donde todo es blanco y perfecto y celestial, nadie podía prestar atención a un simple y pequeño angelito. Además, la Luna ya no le acunaba como antes, porque decía que era demasiado mayor, y el último lazo que le ataba a aquel lugar se rompió. Así que el angelito tomó como único equipaje un trozo de estrella que la Luna le regaló un día, hacía mucho tiempo, para que no tuviera miedo de la oscuridad, y, descolgando una escalera, mientras las lágrimas caían de sus ojos sin cesar, se escapó del cielo.

Inmediatamente, los demás ángeles y criaturas celestiales desencadenaron una gigantesca tormenta para vengarse del angelito, y el pobre resbaló de la escalera y se precipitó al abismo por culpa de un rayo.

La Luna, desde lo más alto del cielo, se arrepintió con toda su alma de haber abandonado al desamparado angelito, y les suplicó a todos los ángeles que pararan aquella tormenta y le pidieran que volviera de nuevo. Pero éstos no cedieron.

Cuando el angelito, matrecho y dolorido, tomó tierra firme, supo que aquel era su final: aquello era lo que el olvido de la Luna había conseguido. Pero entonces, cuando ya estaba seguro de que moriría en ese mismo momento, con esas fuertes oleadas de lluvia golpeándole la cara, alguien le tendió la mano.

-Ven conmigo. Sé cómo te sientes, yo pasé por lo mismo, y a mí nadie me ayudó a salir adelante. Pero ahora será diferente, porque yo te ayudaré. Levántate, deja aquí todo tu peso y sígueme.

El angelito dudó un instante, pero luego lo tuvo claro. Sacó el trozo de estrella que le regaló la Luna y lo dejó en el suelo; brillaba más que nunca. Caminó sin mirar atrás. Lloró durante horas, mientras seguía a aquella voz que le había brindado su ayuda. Lloró porque su camino quedó iluminado hasta el final por la luz del trozo de estrella.

Tras una caminata interminable llegaron al Infierno, y la voz que le había guiado se presentó como Satán.

-A partir de ahora serás mi discípulo- dijo, y tocó las alas del angelito, que se hicieron mucho más majestuosas y adquirieron un deslumbrante color negro, aunque aún pervivían algunas franjas del color de la Luna. El angelito quedó cegado con tanta belleza, y al ver que había recuperado todo lo que la Luna le negó un día, le juró lealtad eterna al Diablo.

Un día, la Luna bajó del cielo en un intento desesperado de reencontrarse con el angelito, pero, al llegar a las puertas del Infierno y encontrar el trozo de estrella en el suelo, muerto y sin luz, deseó ser mortal y acabar con toda aquella pena que guardaba todavía.

Aún hoy la pobre Luna se arrepinte de haber dejado ir al angelito, y, cada cierto tiempo baja en secreto al Infierno y vela sus sueños.

Y todavía hoy el angelito llora en sueños, por ella, por su amor, que no volverá jamás.

Eragon

Eragon

Hoy voy a hacer de crítica cinematográfica (que era lo que tenía pensado hacer para el post de ayer, pero mis neuronas se revolvieron y me hicieron pensar más de lo permitido), y voy a criticar y a poner a parir la película Eragon. Por cierto, siento destripar una película que le puede parecer buena a quien no haya leído el libro, pero para mí supuso un cabreo más para mi saquito de mala leche.

Bueno, primero, ¿por qué Eragon, si en el libro dice claramente que está escuchimizado, aparece en la peli como un chaval musculoso? Porque eso es retocar a los personajes, y romper los esquemas de todas aquellas buenas y humildes personas que antes de ver la peli se han leído el libro. Por cierto, también me destrozan el personaje que me había creado de Arya (uff, qué calores...), la elfa, pelo negro, orejas puntiagudas... y se convierte en una pelirroja (a la que no pongo tantas quejas, jeje), ¡pero así no es como la imaginaba!

Y me molestó mucho que se comieran partes, por ejemplo, el primer libro, que se llama igual que la peli, está practicamente centrado en el viaje que hace el chico con Brom (es, digamos, su maestro, el que le enseña todo lo que hay que saber para ser un jinete de dragón), desde su pueblo, Carvahall, hasta el lugar donde viven los vardenos (los rebeldes, que están en contra del rey, Galbatorix, el malo malísimo). Pero no, en la peli el viajecito no es de gran relevancia. ¡Toma ya!

Murtagh se parece al profesor Snape (Harry Potter), y Galbatorix me recuerda peligrosamente a Constantino Romero.

Vamos, que no han acertado practicamente con ningún personaje (sólo con Brom), y encima se han comido cosas y se han inventado otras.

Pero vamos, que si no te has leído el libro puede que te guste. Está entretenida, los escenarios son chulos y los vuelos a lomos de Saphira impresionantes (mareantes incluso).

Y la elfa...

Idiota

Soy una puta cobarde, una idiota, una miedica estúpida que no es capaz de decir la verdad. Cada vez que quiero contarle a alguna amiga que soy lesbiana me muerdo la lengua como una imbécil, y me callo, y sigo mirando a otro lado cada vez que sale el tema, como si no fuera conmigo. Y lo peor es que sé que mintiendo, desviando conversaciones y callándome lo único que voy a conseguir va a ser hacerme más y más daño. Y me sigo sintiendo como un globo que se va hinchando poco a poco, pero cada vez más y más...

No puedo evitar sentirme así conmigo, me estoy traicionando a mí misma, estoy dejando de ser yo para convertirme en lo que los demás esperan de mí. Me duele tanto, me siento tan presionada, como una botella de gaseosa cuando la agitas, sólo que soy yo la que está agitándose a sí misma.

Pero ¡qué cojones! Si cada día que pasa soy un poquito más bollera, si ya no puedo evitarlo, ni las miradas, ni los comentarios, nada. Tarde o temprano terminarán enterándose TODOS. Claro que prefiero que se enteren por mí. Quiero confiar en los demás, pero no puedo. Me han hecho demasiado daño, y las heridas todavía no han cicatrizado.

Y creo que me va a dar un infarto, porque últimamente soy un manojo de nervios con mechas rojas. Aunque tengo entendido que nadie muere de estupidez...

No puedo más. Ya no aguanto. Acabaré arrancándome un trozo de lengua como la siga mordiendo, y entonces creo que me volveré verde como Hulk y acabaré con la humanidad... o con mí misma. Por estúpida.

 

Recordando...

Recordando...

... esa película de Disney que me gustó tanto. Pocahontas. Aunque mi mente infantil no sabía explicarlo, en el fondo siempre me he preguntado si no habría sido mejor que en vez de liarse con ese paliducho de John Smith, Pocahontas se hubiera fugado en la canoa con su amiga y amante, Nakoma.

Noche... ¿buena?

A veces me pongo a pensar (que ya es raro, ya que cada vez que lo hago me pongo peor o se me ocurren gilipolleces), y hoy ha sido una de esas (escasas) veces. Y es que vamos a ver, ¿por qué coño se le llama Nochebuena a este día? ¿En qué se diferencia de los demás días? ¿Qué pasa, que es en esta noche cuando cae oro del cielo, o tías, o suena una musiquita celestial (o mejor, infernal)? Porque quien me venga a decir que se conmemora el nacimiento de Jesús es que o es muy tonto o tiene el "espíritu de la Navidad" muy desarrollado. Vamos a ver, qué vas a saber con un 100% de certeza de la vida de un tío que vivió hace un porrón de años... Además, según unos estudios ni siquiera nació en estas fechas, sino en agosto o por ahí, pero nuestros queridos amigos de la Iglesia cambiaron el día para poder imponer su maravillosa religión a los pobres paganitos, que celebraban sus fiestas en esta época (paganitos que después fueron perseguidos por la Inquisición y quemados juntos con mis antepasadas brujas). Luego están los que dicen que aunque ya no se crea en nada esta es la ocasión perfecta para reunir a toda la familia. ¿Y qué? ¿Juntar a gente que no se habla el resto del año y hablar de vanalidades? "Qué delgada te has quedado... qué bonito te queda ese jersey... cuánto has crecido...". Y bueno, eso es, sin duda, lo peor. Las preguntitas indiscretas que te hace tu tía lejana del pueblo cada vez que vuelve a casa por Navidad. Te mira de reojo y, tras conseguir intimidarte con la mirada, te pregunta ESO que tanto temes que te pregunte: ¿Ya te has echado novio? Y claro, tú, con la más asombrada de las miradas y una sonrisa fingida que quiere decir Si te pillo por la calle te mato, so cotilla, le respondes eso de: Nu, TODAVÍA NO. Joderrrrr, ¡con lo fácil y socorrido que es hablar del tiempo! Lo que pasa es que las tías del pueblo no saben que esa pregunta está PROHIBIDA, porque no saben que somos VERGONZOSAS, y menos que somos LESBIANAS. Yo creo que si lo supieran ni se les pasaría por la cabeza preguntar, aunque sí, eso de las miraditas intimidatorias seguiría siendo su fuerte.

En fín, mi problema es que dentro de nada mis padres me abducirán y me meterán en el coche, pondrán el disco de los Dire Straits y me llevarán a la muerte. Es decir, a ver a la tía del pueblo y al resto de la familia. ¡Noooooooooooooooo!

Querer y no poder

Hay demasiadas cosas cosas que quiero y no puedo hacer. Demasiadas. Estoy empezando a sentir la frustración que me produce todo esto.

Quiero y no puedo confiar en la gente. Me da miedo que tarde o temprano vayan a hacerme daño. Mi boca no me deja articular palabra cuando voy a decirle a mi mejor amiga que soy lesbiana; no sé qué me pasa, a veces me siento muy sola, aunque en el fondo sé que hay gente que me quiere.

Quiero y no puedo llorar. Es el mayor castigo que podía ponerme.

Quiero y no puedo empezar a ser un poquito más realista, dejarme de fantasías y sueños y ver las cosas como son. Mi vida no es una aventura gráfica ni una novela de ciencia ficción, es simplemente una vida. Aunque decir esto me duele más que una patada en el estómago.

Quiero y no puedo volver a nacer. Sé que alguna vez dije que no cambiaría nada, pero ahora lo cambiaría todo.

Premoniciones

Premoniciones

Sí, hoy toca post místico. Hablemos de las premoniciones. ¿Quién no ha soñado alguna vez (o ha visto en una especie de trance luminoso, aunque no es mi caso) algo que más tarde se ha hecho realidad? ¿O soñar con un sitio y luego, por casualidad, en una excursión a un lugar donde no has estado jamás, recordar que era ese sitio? (De lo primero puedo decir que soñé que unos amigos que estaban juntos lo dejaban, y unas semanas más tarde lo dejaron; lo segundo me ha pasado varias veces ya, la última, en la Alhambra de Granada, en uno de los palacios en los que nunca había entrado).

Creo que para lo primero hay muchas explicaciones: haber hablado días antes del tema, simple casualidad, que el asunto esté más que cantado, o sí, puede que sea de verdad una premonición.

Para lo segundo, me hace ilusión pensar que esos lugares sean los recuerdos de una vida anterior, en la que fui una bella princesa árabe que pululaba por los jardines de la Alhambra hace un cerro de años, aunque bien podrían ser las trazas que quedaron de aquel documental que vi en casa de mi abuela hace cuatro años.

La verdad, prefiero vivir en la ignorancia científica a declarar que todas esas cosas alucinantes que rigen mi vida y hacen que sea más emocionante no son más que simples casualidades y recuerdos efímeros que guarda mi pobre y zurdo cerebro.

Y lo mantendré siempre, aunque me quemen por bruja.

Sospechas

Estoy segura de que mi madre sabe algo. Después de la conversación que hemos tenido esta tarde, seguro que mañana en el trabajo empieza a atar cabos y se dá cuenta de todo. Porque no es muy difícil sacar conclusiones de una conversación como esa:

Madre: Bueno, ¿y qué tal de amores? Es que no me cuentas nada... Si tus amigas tienen novio tú que eres mucho más mona que ellas deberías tenerlos a patadas.

Yop (con cara de preocupación e intentando quitarle importancia): Ná, es que no hay ninguno que merezca la pena. ¿Tú los has visto?

Madre: Pero alguno tendrá que haber, vamos, digo yo...

Yop (momento Tierra Trágame): Pues no...

Bueno, la verdad es que después de un silencio incómodo hemos empezado a hablar de tonterías sin importancia, aunque he seguido dándole vueltas a si no habría sido mejor inventarme algo para salir del paso. ¿O tal vez debería habérselo dicho ya, y dejarme de mentiras? ¿Cuándo voy a poder ser yo misma de verdad? ¿Cuándo voy a poder parar de fingir? ¿Cuándo va a ser la oportunidad perfecta para decirle a la rubia de la segunda fila que está como un queso? ¿Cuándo, joder!!!

Agua

Agua fría. Congelada. Resbala por mi piel, llegando hasta el último rincón de mi cuerpo.

Siento un escalofrío, pero no me aparto; a veces esa sensación es la única que me recuerda que sigo viva.

Temblando, tiritando, me retiro, a la vez que una lágrima de hielo rueda por mi mejilla y se hace pedazos al llegar al suelo.

Es entonces cuandome doy cuenta de que yo, al igual que esa lágrima, soy tan vulnerable como el cristal y me romperé si caigo.

Mi misión en esta vida es no caer, al igual que la de la lágrima de hielo; debo evitar querer llorar.

Pensamientos abstractos

-Ayer tuve una idea brillante. Ya sé de qué va a tratar mi libro (en realidad trilogía, yo como Tolkien), tengo el argumento y los personajes, sólo me falta poner las ideas en orden y no cansarme de escribir. La protagonista (cuyo nombre prefiero no decir), es una chica que tiene sueños extraños en los que hace continuos viajes al pasado. Sueños que cada vez se hacen más y más reales, hasta que llega un punto en el que no sabe cuándo está soñando y cuándo no. Además, conoce a un vampiro y tiene un pequeño romance con él, pero se ve afectado por las inseguridades de la protagonista (ella sabe que no le quiere). Al final, la chica conoce a una vampiresa y se enamora perdidamente de ella (en realidad, por una vez en la vida, el sentimiento es mutuo), descubriendo así que es lesbiana. Y bueno, el final ya lo tengo más que maquinado, pero si lo quieres saber será mejor que te compres el libro... En realidad, es más fantástico que amoroso, pero lo que pretendía era que, por una vez en la vida, la protagonista no fuera la típica niña pija heterosexual que lo tiene todo en la vida, sino que se tiene que evadir en sus sueños para poder sobrellevar todo lo que la vida real le depara. Además, ¡es zurda!

-El concepto de "bruja" ha degenerado mucho. Las brujas ya no son lo que eran (exceptuándome a mí, por supuesto). Ahora son burdas echadoras de cartas que se venden por un trocito de fama. Creo que hasta deberían prohibir que se las llamara "brujas", porque en realidad no son más que un grupo de farsantas que se las dan de pitonisas. ¡Con lo bonito que es ser bruja de verdad! O pseudobruja en mi caso, todavía no soy una bruja adulta...

-A partir de ahora seré Heidihontas. Me ha bautizado mi amor platónico, porque dice que tengo los coloretes de Heidi y que soy tan blanca como ella, pero que el pelo lo tengo largo y negro, como Pocahontas. Un amigo que venía andando detrás ha escuchado la chorrada y me ha dicho que soy una pseudogótica (sin comentarios... ¿por qué todo lo que escribo lleva delante el prefijo "pseudo-"?), así que he acabado autodenominándome Heidihontas Lee.

-¿Has visto la película "El gigoló"? Es que me he recordado antes a una de las chicas que sale con él, una que tenía una enfermedad rara que le hacía gritar barbaridades de repente, y que mientras iba en el coche les gritaba a diestro y siniestro: ¡coño! ¡gilipollas! (no sigo...). El caso es que mientras estaba comiendo hace un rato con mis padres casi les grito: ¡soy lesbiana! Al final me he contenido y, tras una risilla sospechosa he seguido comiendo. Qué bien se lo pasa una consigo misma...

Hasta aquí el resumen de mi vida. Más en el informativo de mañana.

Deseos a las estrellas

Qué bonitas son las estrellas. No sé qué extraño efecto produce en mí, cuando las miro, la sensación de que estoy sola en el mundo. Insignificante, como un pequeño cometa errante por la inmensidad del infinito. Y tan pequeña como una mota de polvo flotando en el aire. Pero a la vez única en la Tierra, como si todo lo que pasara a mi alrededor estuviera planeado para hacerme reaccionar. Sólo a mí.

Estando hoy, bajo ese precioso cielo nocturno de Ávila, he descubierto qué es lo que verdaderamente me haría feliz. No quiero coches, ni pisos en la Plaza Mayor, ni una carrera alucinante que me haga la propietaria de un sueldo alucinante, sólo quiero regalarle mi corazón a alguien que de verdad lo merezca. Quiero enamorarme. Quiero pasar una noche en el campo con ella. Quiero que nos tumbemos en el suelo a mirar las estrellas. A pedir deseos a los cometas. Deseos que no hará falta pedir, porque ya se habrán hecho realidad. Y podernos decir, entre susurros: mi deseo eres tú.

Resurgir

De entre mi más profunda decadencia

rescaté unos pedazos de esperanza,

rota un día por la realidad de la Nada

que me hizo sucumbir y ser su esclava.

Seguía atormentada por mil temores

y por ese fantasma oscuro que aún me acompaña,

pero unir los trozos de mi antigua aliada

me dio la fuerza que necesitaba.

Aún camino por senderos negros,

cubiertos de espinas que arañan mi rostro

y desangran mi cuerpo y mi piel,

y me recuerdan lo débil que fui una vez.

Mis lágrimas continúan cayendo

y forman mares en tempestad,

y aquel grito ahogado que guardo

hará a mi pecho estallar.

Pero aunque llore, sufra y me desangren

las espinas de la tristeza y la ira,

mi alma es eterna como la noche

y más fuerte y poderosa que la lava viva.