Blogia

La bruja de Salem

La desembobadora que me desembobe...

Hoy estoy boba. Me he levantado boba, y me he pasado boba la mayor parte del día. Pero al final me he desbobado, y al primer atisbo de desbobamiento me he descubierto pensando en lo que me gustaría hacer.

Quiero una cena con velitas. Una peacho de cenarrr, como diría Chiquito, que me quite las penas.

Y si puede ser bajo un cielo con estrellas... le prometo amor eterno a la persona que tenga el valor de hacer esto por mí.

Que ya vale de pensar cosas suicido-depresivas, que el corazoncito se cansa de los puñales.

Descubriendo...

Me pasa algo.

Todas las mañanas estás ahí, caminando a unos metros por delante de mí. Con una mano sujetas la bolsa, con la otra la carpeta. Caminas despreocupada, ajena a todo, aunque sé que en el fondo sabes que te estoy mirando.

Mis ojos te buscan solos. No lo puedo controlar.

Luego, en el Metro, vamos en la misma dirección. Siempre sales antes que yo. Y siempre me quedo con ganas de llamarte para que me esperes. Pero entonces me acuerdo.

Ni siquiera sé tu nombre.

No me pasa nada

No puedo. Intento pasármelo bien, intento hacerme la loca y no pensar en ti, aunque estés ahí, pero es imposible. Ni disfrazada de Miércoles puedo ser tan dura como me gustaría. No puedo fingir que todo va bien, cuando cada día estoy peor.

Oigo tu voz susurrando esa canción... y mis ojos se van inundando poco a poco... y me entran unas ganas terribles de salir corriendo fuera y llorar para que no me veas...

Y todos preocupados. "No me pasa nada". No sé mentir.

Reencuentro

Bueno. Intentaré no alterarme demasiado. Estoy cabreada, vale, lo reconozco. Pero es para cabrearse. Me ha desaparecido el último artículo, y eso no me hace demasiada gracia que digamos. En este intervalo de tiempo sin blog me ha dado tiempo a hacerme otro, pero nadie me leía, aunque la verdad es que eso es algo que me da igual, al fin y al cabo esto es una especie de diario donde me desahogo cuando quiero. Pero los diarios no te dejan tirada. A los diarios no se les jode la "clavija de no sé qué". ¡¡¡Los diarios no se comen páginas!!!

De todas formas, y como quiero a este blog como si fuera mi hijo (¡qué coño! es mi hijo), voy a seguir aquí. Hasta que a mis queridos amigos de Blogia les dé la gana de joderme el asunto otra vez. Pero bueno, es mi blog, y le quiero.

El último día

Una vez oí que cuando el Sol se apague tardaremos ocho minutos en darnos cuenta; por todo eso de la velocidad de la luz y el espacio. ¿Y si un día nos quedáramos a oscuras? ¿Y si el Sol se apaga para siempre? ¿Y si sólo dispusieramos de unas pocas horas antes de que la humanidad y el resto de seres que habitan este planeta murieran congelados? ¿Y si ya se ha apagado, y dentro de siete minutos comienza la cuenta atrás?

Tengo muy claro lo que haría.

A mis amigos, les recordaría que sin ellos mi vida carece de sentido. Los reuniría a todos y me lo pasaría tan bien como nunca, pero no me quedaría con ellos hasta el final.

A mis padres y mi hermana decirles que, aunque hayamos tenido momentos malos, les quiero muchísimo. Pero que mi lugar no está en esta casa, y que no debería morir aquí.

Después, buscaría a Ella y le demostraría que la quiero como nadie en el mundo la ha querido jamás. Le diría que mi mayor deseo sería morir abrazada a ella, demostrarle a la Muerte que aunque acabara conmigo no acabaría con este amor. Pero sé que mi deseo no es el suyo, y que lo último que se le ocurriría sería pasar los últimos minutos de su vida conmigo, así que tampoco moriría con ella, aunque sea lo que querría.

Me sentaría en el banco del parque que hay al lado de mi casa. Ese banco custodiado por dos árboles enormes. Las hojas bailando en el remolino del aire, y mi mirada perdida en la lejanía. Y el frío inundando mi cuerpo hasta acabar conmigo...

Megamix_myproblemsandme.bru

Megamix_myproblemsandme.bru

-Aunque mi mente se empeñe en interpretar a su manera todas las "señales" que Ella me manda, creo que en realidad sólo quiere vacilarme y (sí, lo reconozco) hacerme sentir exactamente como me siento. Creo que un poder sobrenatural le ha informado que me vuelve loquita (o una iluminación divina o mis ojos en su culo), y desde el momento en que lo sabe no ha parado de hacerme sentir la tía más gilipollas del planeta Tierra. Y yo (pobrecita Bru... es taaaan inocente- esto hay que decirlo poniendo voz de Drusilla) me he vuelto a morder los padrastros (cada uno con sus manías; no vale criticar) porque cada vez que la veo me sube un calor frío y mi vena suicida llega a su máximo esplendor. Vamos, que si tuviera a mano un chute de cianuro cada vez que la veo no dudaría en pinchármelo en vena.

-Necesito una tía ya. Y por favor, que no me haga sentir una mierda.

-Pero bueno, al menos deja de aparecer en mis sueños. Hace dos noches soñé que estaba atrapada en una especie de prueba como las de Saw, pero yo sabía de qué iba cada cosa y acababa salvándome de todo. Además de todo yo no era yo, era Amanda (por cierto, no sé ni cómo me contuve...). De todas formas no sé qué es peor; si soñar con Ella y pasarlo mal, o pasarlo mal porque a veces pienso que tengo problemas mentales graves, que soy una psicópata en potencia... eso sí, enamorada y llorosa.

Crisis existenciales a los ocho años. Capítulo I

Crisis existenciales a los ocho años. Capítulo I

Ya de pequeña era rara. Los niños normales suelen pasar el tiempo jugando, haciéndole la puñeta a los adultos y viviendo sin preocupaciones. Pero yo no. Recuerdo con ironía mi primera crisis existencial: tendría ocho años. Además que me acuerdo perfectamente, como si lo tuviera reciente: yo, una cría delgadita y menuda con un flequillo caoba enmarañado sobre la frente, tumbada en el sofá, con la mirada en algún punto del techo (siempre he tenido como forma de evadirme eso de mirar a un punto fijo), hablándole a mi madre (que no con mi madre, es diferente) de la muerte. No quería morir, y mi madre lo único que quería era que me callara ya y me fuera a jugar. El caso es que he pasado noches enteras sin poder pegar ojo (noches de sueño infantil) por culpa de mi obsesión con el tema. Recuerdo una frase de mi madre que pasará a los anales de los consejos en momentos de crisis existencial:

Hasta la chica que se esconde dentro de Espinete morirá algún día.

La crisis no se superó, pero la idea de que Espinete muriera algún día tampoco me dejó del todo tranquila. Y es que una todavía era una niña... precoz, eso sí, pero niña al fin y al cabo.

El Mar

Sólo hay una cosa que me dé más miedo que la mismísima Muerte, y es, sin duda alguna, la inmensidad del Mar. Estar sentada en la orilla de la playa, de noche, en verano, escuchando el rugir de las olas contra el suelo, sin poder ver el agua, sólo adivinando los movimientos del Mar, y temiendo que en cualquier momento una ola enorme me trague me ha hecho pensar, durante toda mi vida, lo insignificante que soy (bueno, no sólo yo, la humanidad en general), en comparación con la fuerza y el poder que poseen los elementos de la Naturaleza. Darme cuenta de que estoy a merced de lo que el Viento y el Mar quieran hacer conmigo. Que en cualquier momento los espíritus podrían ponerse en mi contra, conspirar contra mí y hacer que todo se fuera al garete con un simple soplido o un golpe de mar. Además, el Mar me asusta porque es infinito, y cuando miras al horizonte parece que se burla, como diciendo: "tu vida es corta como la de las medusas que los niños matan en la orilla; en cambio yo viviré eternamente. Lo he visto todo, he vivido tantas y tantas cosas... en cambio tú, ¡oh, pobre Bru!, tú pasarás por esta vida como el miserable ácaro que flota en una nube de polvo".

¡Cuántas veces he soñado con poder vivir todo lo que el Mar, un trozo de tierra o un árbol marchito han visto! Aunque puede que algún día sí que pueda, cuando mis huesos calcinados pasen a formar parte de la tierra, y se mezclen con ella, y me hagan partícipe de toda su magia, de todas sus vivencias...

¡Tachán!

Pufff, qué alivio... Ya se lo he dicho. La verdad es que mientras balbuceaba con un hilo de voz y un nudo enorme en el estómago que me había enamorado de una de las chicas del grupo, mi pobre amiga me miraba preocupada. Pero por mi estado mental, no por lo de ser lesbiana. Y es que ella estaba fresca como una rosa, mirándome con cara de "¿eso es todo?". Si cuando se lo conté creía que no se había dado cuenta, y volví a decírselo otra vez (esta vez remarcando), y la pobre mirándome con una cara... "Que sí, Bru, que ya me he enterado, no hace falta que me lo repitas tantas veces, que no soy cortita. ¡Pero respira! ¡No te preocupes, mujer! ¿Cómo podías pensar que nuestra amistad iba a cambiar? Qué cosas dices, de verdad...".

Bueno, después de esto la cena transcurrió con normalidad, hasta que llegó Ella y empezó a hacer de las suyas... No puedo más. Si hasta he soñado con ella. Y ni siquiera en los sueños puedo reprimir las ganas de besarla y agarrarla con fuerza, y no soltarla nunca, y señalar con ella todas las noches las estrellas del cielo, y vivir en esa casa en el campo que tanto desea, y contarnos cuentos alrededor del fuego, en un akelarre hasta el amanecer... Ya hasta me duele soñar.

Micro-movidas brujiles de una empanada mental. Capítulo II

-Faltan exactamente tres horas y cuarto para que una de mis mejores amigas se entere de todo. Es que no puedo soportar más esta situación, si no se lo cuento a alguien voy a reventar en cualquier momento, y ya está bien, que son mis amigas joder, que si no confío en ellas, ¿en quién coño voy a confiar si no? Además, que ya me da igual que cambie la relación o que no, simplemente quiero hacerlo, dejarme de miedos y demostrar que tengo un par de ovarios bien puestos. Aunque sé que al principio lo que le va a preocupar a la pobre no va a ser lo que le tenga que contar, sino mi terrible aspecto de personita enferma y ojerosa (cosa que narraré a continuación).

-Sí, estoy mal. Y sí, es por Ella. Es que no podría ser más esquizofrénica. No podría tratarme igual que al resto de las tías del grupo. No podría dejar de cogerme de la mano cuando vamos por el centro. O tocarme el pelo. Y no puedo entender que esté así conmigo y luego se ponga a hablar de repente del puto ligue que tiene, que ya está bien, una no es de piedra, y mi corazoncito está sufriendo mucho. Y luego, cuando hemos flirteado y después de haberme matado con lo del chico y lo bien que está con él, me suelta (mientras me quito mi chaqueta de cuero y la dejo en el respaldo de la silla de un bar): yo me vuelvo loca con las chaquetas de cuero. Si después de esto no he perdido completamente la cabeza, creo que nada de lo que me pase lo hará. Aunque ahora más que nunca tengo clarísimo que estoy loquita por ella...

-Y sí, además de todos estos "agradables" acontecimientos esta mañana he tenido la mayor bronca en la historia de mi vida en esta puñetera casa. Porque estaba en pijama, que si no cojo la puerta y me voy con viento fresco. Estoy deseando encontrar un trabajo, ganar dinero y largarme de aquí. Pero todo llegará. Y cuando llegue, recordaré esto como un mal sueño.

Y mientras tanto, esta bruja enloquecida espera que pasen las horas para cumplir la promesa que se hizo a sí misma... y salir del armario de una puñetera vez!!!

Micro-movidas brujiles de una empanada mental. Capítulo I

-Estupendo. Agarra Ella y me dice (después de haber jurado y perjurado sobre mi tumba que iba a olvidarme de ella al precio que fuera) antes, cuando me ha llamado por teléfono: ya sabrás cómo es mi cama cuando vengas a mi casa. No necesito más comentarios para describir la cara que se me ha quedado. Y dudo mucho que haya sido cosa de malinterpretación, porque aunque pueda parecer que soy yo la que está un poquito salida (que no es cierto, yo estoy muy centradita y un par de piernas largas y una melena rubia no me afectan...) ella tampoco es ninguna santa, y de inocente tiene lo que yo de china mandarina.

-Me he pasado tooooda la mañana intentando buscar la manera de contarle a mis dos mejores amigas que soy lesbiana, casi me da un paro cardíaco de los nervios y al final no he hecho nada. Eso sí, no paro de lanzar indirectas a diestro y siniestro a ver si alguien se cosca ya (¡joderrr!), que sólo me falta preguntarles que si se vienen conmigo a la fiesta del Orgullo Gay...

-Hoy en clase me he enterado de que dos tías sí pueden tener un hijo con genes de las dos. Vamos, que serían sus madres biológicas, las dos, y no una y el esperma de un desconocido (o no). Veamos: se coge un espermatozoide, se le vacía (no literalmente, xD, se le saca el contenido genético), y se meten los genes de la susodicha en cuestión. Luego se fecunda el óvulo de la otra, y ya tenemos un gametito perfecto con dos mamás. La verdad es que ni siquiera creo que se haya hecho alguna vez, pero poderse (por lo visto) se puede...

-Sólo quiero dormir... y que el viento no golpee el cristal de mi ventana, ni la muerte replique con su tenue campana, sólo quiero dormir, arropada en mi cama...

Quiero vivir

Si tengo que elegir entre tu presencia y mi vida, entonces te digo que quiero vivir. No puedo vivir de ilusiones eternamente, como el perro que saca la cabeza por la ventanilla del coche y hace que se come el aire. Está bien soñar, pero esto no es Matrix, es la vida real, y pasar una vida con los ojos cerrados deseando que llegue la noche para volver a tener lo que durante el día no tuve no es bueno. Ni para mí ni para ti. Y estoy así, en esta tesitura, queriendo romper con todo, con estos sentimientos absurdos, y sintiéndome cada día un poco más alejada de ti, aunque te pienses que ahora somos más amigas que nunca. Si tengo que ahogar en el océano todo lo que siento, ahogar a este pobre y lelo corazón, ahogar mi amor antes de que sean mis lágrimas las que me ahoguen a mí, entonces sin duda lo haré. Porque no quiero morir de pena como un gorrión enjaulado. Porque tú, al contrario que yo, tienes tu vida. Y quieres a alguien que te quiere (aunque me joda). Y yo no puedo hacer nada. Y menos lamentarme. No voy a derramar ni una sola lágrima más por ti. Porque quiero vivir, y estoy dispuesta a hacerlo.

Nieve

Nieve

Estoy sentada en esta silla, frente a la pantalla del ordenador, escuchando música. Tengo frío, pero no es desagradable. En el cielo hay unas nubes enormes y grises que lo cubren entero, y que en cualquier momento van a explotar y a dejar caer todo su contenido.

Me gusta cuando nieva. Nos quedamos sólo la nieve y yo, y se van volando todos los problemas.

La muralla nevada, mi gran ilusión...

Retrocesos

Me siento rara. No sólo yo, el mundo en general, todo lo que hay en torno a mí está cambiando. Bueno, en realidad no está cambiando, es algo que ya cambió y que ahora se presenta de nuevo. Vuelven recuerdos, situaciones pasadas que hacía que no sentía desde que era una mocosa. Una mocosa que, misteriosamente, volvió de aquella excursión a la granja con una laguna enorme en el recuerdo. Una mocosa de apenas diez años que sentía que la vida, los recuerdos y la gente que aparentemente conocía en realidad le eran ajenos. No sé qué fue lo que pasó, pues la verdad es que no recuerdo nada de todo aquello, pero ahora el aire, la nariz congelada y la simple visión del polvo flotando en el haz de luz que entra por la ventana me teletransportan a ese mundo que una vez olvidé. Hasta el olor de la calle me resulta ya diferente.

La verdad es que esta sensación no me agrada lo más mínimo. Quiero saber qué pasó. La verdad es que a veces pienso que la persona que menos me conoce soy yo misma. No me entiendo; pero quiero volver a sentirme dueña de mi vida.

Recuerdo una leyenda sobre un duende del bosque y una excursión de noche por el campo con linternas... Mis pilas fundidas... Mis piernas llenas de arañazos por los matorrales... Por eso al año siguiente no quise volver...

Fantasmagótika

Ya está decidido: cuando me muera (cosa que espero que pase dentro de muchos años y, si no es mucho pedir, de placer...) voy a ser un espíritu malvado de estos que van pululando por el mundo jodiendo a diestro y siniestro. Nada de un alma pura y dulce que ascienda al Cielo por una escalera blanca con destellos dorados y flores volando, no, quiero pasar mis días como alma despegada del cuerpo aquí, errante, recorriendo todos los caminos que, por diversas razones, no pude recorrer en vida. Cuando ya los haya recorrido me meteré de okupa en la casa donde pasé la mayor parte de mi vida y daré por saco hasta que sus pobres habitantes tengan que salir pitando.

Está demostrado que los fantasmas existen, así que mi "plan de futuro" no es tan descabellado como parece (que lo es, pero no quiero acabar con mis ilusiones, por muy absurdas que sean).

Bueno, también podría pasar que antes de morirme llegara el Anticristo y con él toda una horda de criaturas demoníacas y malvadas a las que (sin dudarlo) me uniría, con lo que obtendría la vida eterna en el siempre llameante Infierno.

Sea lo que sea, ya llegará...

PD: no te preocupes, no me he dado un golpe en la cabeza ni se ha vuelto reversible la experiencia traumática que tuve cuando leí Los renglones torcidos de Dios, no, es que estoy malita y me duele muchísimo la cabeza; tal vez sea la fiebre...

Se busca

Voy a poner un anuncio en el periódico que diga:

Escritora precozmente decadente busca musa para futura inspiración. Cuanto más rara mejor; se trata de ciencia ficción... Interesadas buscad debajo del Puente de Vallecas, para entonces estaré allí, arropada con unos cuantos cartones y escribiendo frases inconclusas en un espacio libre de la hoja de un periódico abandonado. Me urge. Muchísimo. No sabéis cuánto (bueno, sí lo sabéis, las musas lo sabéis todo...).

Los renglones torcidos de Dios

¿Cómo te sentirías si un día descubrieras que todo en lo que crees, todo por lo que crees que haces las cosas, incluso algunas de las personas en las que confías no son más que producto del delirio? ¿Y si te dieras cuenta de que has perdido completamente el norte? Personalmente, creo que la locura es mucho peor que la muerte. Preferiría morir sin pensarlo dos veces a tener que soportar una vida entera así, sin poder distinguir lo que es real de lo que no lo es, defendiendo unas ideas que no existen o llorando por personas que aún no han muerto o que ni siquiera son reales. De todas formas, la locura es pocas veces descubierta o aceptada por los afectados, que viven en su mundo de Utopía ajenos al mundo que se oculta tras lo que su mente les obliga a ver o a sentir.

Y digo esto porque hace ya unos añitos, cuando tenía catorce o así, me leí Los renglones torcidos de Dios de Torcuato Luca de Tena, y me enloqueció. Literalmente hablando. Una pobre adolescente no debería tener permitido leer cosas así, que luego queda marcada de por vida. Porque la verdad es que después de haberlo leído, mi mente se ha visto atormentada por varias crisis de cordura, y mi mayor temor ha dejado de ser la muerte para convertirse en la locura. La verdad, es uno de los mejores libros que he leído en mi triste y corta vida.

La gogó

Dentro de una semana dos amigos y Ella van a celebrar su cumpleaños en un local. Va a haber mucha gente, música (mejor no me hago ilusiones, seguro que es esa música llamada "regueton"- paso de escribirlo bien- y que odio tanto), bebida (para paliar los daños causados por el "regueton"), y una gogó. Cuando mi amigo me lo dijo yo clamé al cielo con una mirada y me pregunté ¿Por qué?, miles de minifaldas moviéndose a mi alrededor y yo ahí, en medio, evitando a todos los tíos que se me acerquen hasta que mis amigas se empiecen a mosquear. Y ella con su nuevo ligue...

Cosas que debieron pasar antes

(Reproducción literal de la conversación mantenida esta mañana a las 8:15 horas en el autobús, yendo hacia el instituto):

Ella: Si te echas un poquito más hacia allá cabemos las dos (refiriéndose al asiento en el que yo estaba sentada. Me aparto con una sonrisilla y ella se sienta también con una sonrisilla. Mal vamos...).

Yo (intentando evitar que siguiera el silencio para no decir algo fuera de lugar): ¿Hiciste algo ayer? A mí me raptaron mis padres para visitar a los abuelos... pfff...

Ella: Estuve en casa. Salí el sábado. Ayer estuve escuchando a mis padres discutir desde mi habitación. Como no es plan quedarse ahí escuchando discusiones filtradas a través de una pared, pensé que tal vez podría irme a ver al chaval con el que me lié el sábado- aquí es cuando noto que de mi cara desaparecen todos los glóbulos rojos (pocos) que alguna vez pudieron hacer que pareciera menos pálida, y me quedo con un aspecto de cadáver impresionante-, que vive a dos calles de mi casa.

Yo (momento inundación): Ahhh... que te liaste con uno...

Y no sigo más, no porque no quiera, sino porque a partir de ese momento no recuerdo nada. Me he quedado catatónica, he pintado una media sonrisa en mi cara más falsa y fingida que un billete de dos euros, y he seguido oyendo sin escuchar hasta que cada una ha tirado para su clase.

Y yo me pregunto: ¿por qué coño no se lió con el susodicho hace mes y medio, cuando empezaba a gustarme? Me hubiera dado cuenta de lo que pasaba y no me habría hecho ilusiones. Ahora estoy bastante descolocada. De pronto todo se me ha vuelto más del revés todavía. Ya no hay nada que pueda hacer (aunque antes tampoco, pero eso no lo sabía).

Dark love

Quiero una novia gótica. La verdad es que no sé cómo ha surgido, pero en cuanto se me ha pasado por la cabeza me he puesto a maquinar lo difícil que es encontrar a alguien así. Vamos por puntos:

 -Punto 1: dividamos a la población total madrileña en góticos y heavies y el resto de la gente. Hay bastantes, pero el grupo se reduce de forma considerable (teniendo en cuenta que estamos hablando de la población total de Madrid, no está mal).

-Punto 2: de ese grupo de gente, separemos a las chicas que se encuentren en un margen de edad de entre diecisiete y... no sé, la verdad es que no importa que sean mayores (tampoco quiero tener que acompañarla al geriátrico, pero por unos años no pasa nada).

-Punto 3: ya las tenemos a todas, sentadas en unas sillas, y entonces se les hace la pregunta: ¿cuántas de las que hay aquí son lesbianas? Entonces queda un mini grupito. Pero bueno, al menos sigue habiendo gente. Pero seguimos restando...

-Punto 4: seamos realistas, ¿qué persona en su sano juicio se liaría conmigo? Venga, va, a mi favor diré que estoy más buena que la tarta de queso, pero, en serio, no creo que la persona en cuestión pudiera aguantar mis rayadas mentales más de cinco minutos seguidos... Soy una especie de grifo humano que no para de soltar lágrimas y quejas y de recordarle a todo el mundo lo desgraciada que soy... y eso no todo el mundo lo aguanta (a no ser, claro, que la pobre desgraciada que haya pasado todas las pruebas esté tan mal de la cabeza como yo).

En resumen, que si consigo encontrar a alguien así, y que encima me quiera, y tenga un corazón de oro, y lleve las uñas pintadas de negro (...), creo que se ha ganado el premio Nobel a la persona con más paciencia de la Vía Láctea.